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Cuando la desigualdad de género afecta el acceso al trabajo de campo en el Perú

Si las mujeres tienen menor acceso a la investigación y al trabajo de campo, se crea un sesgo masculino en la producción del conocimiento científico

Publicado: 2018-04-05

El trabajo de campo en la investigación científica es una herramienta indispensable para generar conocimiento de primera mano, tanto para las ciencias aplicadas como para las ciencias sociales. Por ello, si las mujeres tienen menor acceso a la investigación y al trabajo de campo, se crea un sesgo masculino en la producción del conocimiento científico. En este contexto, explorar los retos y las contribuciones de las científicas peruanas es clave para el propósito de lograr dicha equidad en la academia. El estudio ‘Mujeres en el campo: retos, contribuciones, y oportunidades de la científica peruana en el trabajo de campo’ revela las dificultades y los retos e de género a los que se enfrentan las docentes y académicas.  

Durante los últimos años la inversión en la educación ha sido uno de los aspectos centrales en el debate público en torno al desarrollo del país con un enfoque a largo plazo. Como consecuencia de ello, desde la sociedad civil y la dirigencia política se ha resaltado la necesidad de desarrollar planes institucionales para aumentar y mejorar la calidad de las investigaciones, a fin de tener un mejor entendimiento del territorio y de las dinámicas sociales en las que nos desarrollamos. Por ello es importante conocer las características y las condiciones en que se desarrollan el trabajo de las y los investigadores.

EL TRABAJO DE CAMPO SE CONSIDERA PELIGROSO, POR LO QUE VARIOS EMPLEADORES SE LIMITAN A CONTRATAR HOMBRES, LO QUE IMPIDE EL DESARROLLO PROFESIONAL DE LAS MUJERES.

RETOS QUE AFRONTAN LOS INVESTIGADOR@S

Al respecto, las investigadoras Nicola Espinosa Anaya (Pontificia Universidad Católica del Perú) y Rocío López de la Lama (Universidad Peruana Cayetano Heredia), presentaron un minucioso estudio sobre los retos que afrontan las y los investigadores de ciencias aplicadas y ciencias sociales para realizar investigación en el país, explorando en mayor detalle los retos específicos que afectan a las investigadoras para acceder y poder desarrollar investigación basada en el trabajo de campo.

Para este estudio, se realizaron 34 entrevistas a docentes e investigadores provenientes de cuatro universidades en diferentes regiones del Perú: Pontificia Universidad Católica del Perú (Lima), Universidad Peruana Cayetano Heredia (Lima), Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (Iquitos) y la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (Arequipa).

El estudio identifica los retos propios de realizar investigación en el país, lo que afecta tanto a hombres como mujeres. Estos retos incluyen: sueldos bajos en las universidades, dificultad para encontrar financiamiento, balance entre enseñar en la universidad y poder dedicarse a la investigación, además del poco apoyo de las universidades a aquellos investigadores que salen al campo.

No obstante, se identifican retos adicionales que la investigadora debe superar para poder crecer como profesional. Estos retos se pueden dividir en dos momentos. Primero, antes de acceder al trabajo de campo y luego, durante el trabajo de campo.

LAS INVESTIGADORAS PERUANAS DESARROLLAN ESTRATEGIAS PARA SUPERAR DIFERENTES RETOS

Para poder acceder al trabajo de campo una mujer debe contar con un título profesional y tener el apoyo de su familia. Sin embargo, varias de las entrevistadas mencionaron que sus familias no apoyaban la selección de la carrera y que incluso durante los estudios de pregrado en ocasiones fueron subestimadas por profesores y pares. Además, existe una incompatibilidad entre la maternidad y el pico productivo profesional (entre los 25 y 35 años de edad) que empuja a varias investigadoras a tener hijos después de ese periodo, o esperar a que sus hijos crezcan antes de poder continuar con el trabajo de campo. Esto genera problemas de reinserción laboral, y fueron pocas las que mencionaron tener el apoyo incondicional de sus parejas y familias para el cuidado de sus hijos.

Más aún, muchas veces el trabajo de campo se considera peligroso, por lo que varios empleadores se limitan a contratar hombres, lo que impide el desarrollo profesional de las mujeres. A esto se le suma que muchas veces las redes laborales son masculinas, lo que dificulta que una mujer tenga acceso al mismo número de oportunidades laborales que un hombre.

En cuanto a los retos durante el trabajo de campo, estos están normalizados, como un reflejo de la sociedad patriarcal en la que vivimos. Tal es así que varias de las investigadoras los consideran como “gajes del oficio”. Por ejemplo, debido al contexto machista peruano, una investigadora a veces debe limitarse a estudiar temas más femeninos (educación, temas de género) ya que el acceso es más fácil o para no chocar con los roles tradicionales de la mujer en la sociedad. Asimismo, una mujer en campo es más vulnerable a violencia que un hombre, tanto por parte de sus pares investigadores como por personas de la comunidad donde lleva a cabo la investigación. Esto puede llegar a situaciones en las que la investigadora debe decidir entre arriesgar su integridad física o su trabajo. Muchas investigadoras mencionaron el dilema entre “competencia profesional” y “seguridad personal”, en el que a veces deben arriesgarse a seguir investigando para poder alcanzar sus objetivos de investigación, en lugar de retirarse de situaciones que ponen en riesgo su integridad física. La edad es un factor que juega en contra de las investigadoras más jóvenes, pues estas no siempre son consideradas como profesionales serias.

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UNA MUJER EN CAMPO ES MÁS VULNERABLE A DIVERSOS RIESGOS TANTO POR PARTE DE SUS PARES INVESTIGADORES COMO POR PERSONAS DE LA COMUNIDAD DONDE LLEVA A CABO LA INVESTIGACIÓN

Sin embargo, es importante destacar que las investigadoras peruanas desarrollan estrategias para superar estos retos. Por ejemplo, adoptando una actitud más seria y distante en el campo. Por otro lado, algunas investigadoras le han ‘sacado la vuelta’ a sus retos y ‘desventajas’ y han aprovechado ser mujer para ingresar a espacios sociales a los que sus pares varones no pueden. El estudio muestra que las mujeres tienen una mayor posibilidad de ingresar a espacios sociales femeninos, mixtos y también masculinos. Asimismo, muchas han logrado desarrollar una red de apoyo con sus pares mujeres para seguir adelante.

Así, “Mujeres en el campo…” expone que las investigadoras se enfrentan a más dificultades que los investigadores al momento de llevar a cabo trabajos de campo, no obstante cuentan con los mismos conocimientos y preparación.

Finalmente, a fin de construir un espacio universitario inclusivo, Espinosa y López recomiendan, entre otros aspectos, el involucramiento de las universidades durante los trabajos de campo que se realizan como parte de las investigaciones, con protocolos de seguridad serios que minimicen los riesgos a los que puedan estar expuestos mujeres y varones, ya sean estudiantes o docentes.

Esta investigación fue elaborada con el apoyo del Consorcio de Investigación Económica y Social (CIES), la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), Cienciactiva del Concytec, y con el respaldo del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP).


Escrito por

Rincón Académico

Diseminación y difusión con base en la investigación. CIES: construyendo conocimiento para mejores políticas.


Publicado en

CIES Consorcio de Investigación Económica y Social

Asociación de 49 instituciones peruanas dedicadas a la investigación y la docencia en ciencias económicas, ambientales y social.